¡SE CAYÓ EL LUNARIO! La renga volvió a la CDMX Y dio UN Banquete descontrolado De puro rock de barrio

¡SE CAYÓ EL LUNARIO! La renga volvió a la CDMX Y dio UN Banquete descontrolado De puro rock de barrio

Hay conciertos donde la gente va a posar para la foto, y hay noches donde el piso tiembla, el sudor se vuelve aire y el rock and roll se respira como pólvora. Lo que se vivió la noche de este miércoles 29 de julio de 2026 en el Lunario del Auditorio Nacional con La Renga, y es que no fue una presentación formal: fue un verdadero banquete de trinchera.

Tras siete años de ausencia en suelo mexicano, el legendario trío del barrio de Mataderos, Buenos Aires, regresó para recordar cómo se siente el verdadero rock de garras y distorsión.

Un recital en formato íntimo, pero con potencia de estadio

Que una banda acostumbrada a reventar estadios como el Estadio Ruca Che o el Tomás Adolfo Ducó en Argentina se presente en un foro íntimo como el Lunario era una bomba de tiempo. Las puertas del recinto ni siquiera terminaban de acomodar a la multitud cuando los acordes iniciales hicieron detonar el lugar.

Chizzo Nápoli en la guitarra y voz, Tete Iglesias descargando bajo con la demencia de siempre, y Tanque en la batería marcando el latido del pecho de los cientos de fanáticos que abarrotaron el lugar de pie.

“No venimos a dar un show, venimos a encontrarnos con la familia”, se sentía en el ambiente entre abrazos, remeras sudadas y banderas que combinaban los colores de Argentina y México.

La chispa que desató el moshpit

El repertorio fue una aplanadora. Clásicos infaltables que encendieron la marea humana:

  • “Detonador”: Fue la señal de arranque para que el centro del Lunario se convirtiera en un pogo descontrolado e hirviente.
  • “A tu lado”: Coreada a garganta abierta por una masa que unificó el acento porteño con el barrio chilango.
  • “El Revelde”: Desató los brincos colectivos y levantó puños en cada rincón del inmueble.
  • “Balada del Diablo y la Muerte”: El momento hipnótico de la noche, con la voz desgarrada de Chizzo elevándose sobre un mar de encendedores y pantallas.

La hermandad del rock no conoce fronteras

Pese al costo y lo cotizado de los boletos para este aforo reducido, la comunidad ‘renguera’ no falló. Hubo quienes viajaron desde distintos estados de la República e incluso fanáticos argentinos radicados en México que transformaron la explanada del Auditorio en una fiesta previa llena de cánticos, trapos y camaradería.

La Renga demostró que, sin importar el paso de los años ni la distancia, el rock directo al hueso sigue más vivo que nunca. Se fueron entre ovaciones, dejando el aire denso y las orejas zumbando, asegurando que mientras haya quien busque refugio en una guitarra distorsionada, el banquete nunca va a terminar.



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