En un verano en el que España y México compartieron reflectores por distintos motivos, Darkways escribió su propia página en esa historia; o, para decirlo con una ironía que sus propios seguidores sabrán reconocer, comenzó a dejar su propio legado. Mientras el reciente Mundial de la FIFA convirtió al país en punto de encuentro para miles de visitantes de distintas partes del mundo, el proyecto español encontró en Foro Veintiocho un escenario muy distinto, pero igualmente significativo: el de una comunidad que ha mantenido viva la escena gótica y darkwave durante años.

Lejos del ruido de los estadios y de la euforia deportiva, la noche comenzó a tomar forma desde antes de la aparición de la banda. La participación de DJ Christian Hyde fue clave para abrir el evento con una selección que recorrió distintos matices del post-punk, darkwave y EBM, preparando el terreno para lo que vendría después. Cuando Darkways finalmente apareció en el escenario, el público ya estaba inmerso en la atmósfera adecuada. Fue entonces cuando canciones como I Like the Night adquirieron un significado especial: lo que durante años había acompañado a sus seguidores a través de audífonos y plataformas de streaming finalmente pudo vivirse frente al escenario, con un público que hizo suyo cada verso y confirmó que la espera había valido la pena.




En contraste, Legado terminó adquiriendo un significado que iba más allá de la propia canción: el título parecía anticipar lo que esa noche comenzaba a escribirse entre Darkways y sus seguidores mexicanos. Más que una primera presentación, fue el nacimiento de un vínculo entre una banda española y una escena que, desde hace años, ha demostrado que el post-punk y el darkwave tienen un hogar sólido en la Ciudad de México. Porque, al final, Darkways terminó reuniendo a sus shadowdancers mexicanos entre luces tenues, el sonido característico de los sintetizadores y una audiencia entregada, por lo que su debut en los escenarios alternativos del pais se convirtió en algo más que una serie de conciertos: fue el encuentro de una comunidad que hizo del escenario su refugio por unas horas y el inicio de una relación que promete volver a cruzar fronteras tanto geográficas como musicales.


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